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Estuve varios años ayudando y aprendiendo de mi abuelo, al fallecer, los pacientes que ya me conocían, se prestaron a cambiar de manos. El listón estaba bastante alto y he conseguido el agradecimiento de todos los pacientes y la statement of purpose graduate school continuidad del sistema que utilizamos.
Me gusta mi trabajo, tengo pasión por él y ayudo a todos entregándome al cien por cien. Incluso voy por la calle y el que me lo pide le hago arreglos rápidos para aguantar el día.

Considero que un buen profesional tiene que coger un rotulador y pintar las articulaciones con inserciones tendinosas y ligamentos. Hay que mirar que la estructura esté equilibrada y que no pierda la simetría.

Recuerdo un paciente que era repartidor, que la fisioterapia no había logrado curarle una inflamación en el cuarto dedo de la mano. Pasaba por la clínica, llamaba a la puerta, yo sacaba la mano y le estiraba el dedo. Con siete u ocho veces que se acercó le arreglé el dedo. No le cobré pero más tarde no paraba de llamar gente a la consulta de parte de él.

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Otro paciento vino con muletas, diagnosticado por el médico de un desgarro en la ingle. Le pregunté si tenía hematoma y lo negó, lo cual era sospechoso, ya que los desgarres (rotura fibrilar) suelen aparecer con derrame. No podía dar un paso https://buy-essayz.co.uk/ ni siquiera tumbarse en la camilla, tenía una carnicería y entrábamos en Navidades, le dijeron que hiciera reposo durante 2 semanas. Le hice una corrección de pie y de las dorsales bajas, al día siguiente vino sin muletas y con un bistec de toro como agradecimiento.

He tenido casos de risa, como decirle a un paciento que estaba tumbado en la camilla que se pusiera de pie y de golpe ponerse de pie encima de la camilla.

Otro me dijo que le dolía la rodilla, se sentó y se quitó la protesis de pierna que llevaba, que estaba cortada justo por la rodilla, quedándome sorprendido porque andaba más rápido que yo.

Una vez una chica entró con un esquince de tobillo porque había pisado un ojo de conejo.

Le dimos un masaje a un jugador del Hécules C.F. (Palomino), mi abuelo y yo, a cuatro manos. Al día siguiente jugaba en el Camp Nou y el único gol del Hercules lo marcó él de falta.